La IA en la guerra pretende detectar, evaluar y reaccionar más rápido que una persona. Precisamente ahí reside su valor militar. Y precisamente ahí comienza el problema: si las máquinas pueden preparar o ejecutar decisiones en cuestión de segundos, el control humano no puede convertirse en una mera formalidad.
Israel impulsa este desarrollo a gran velocidad. El jefe del Estado Mayor Eyal Zamir anunció el 8 de septiembre de 2026 una nueva unidad de las Fuerzas de Defensa de Israel para sistemas no tripulados e inteligencia artificial. Deberá reunir la robótica y las capacidades autónomas para tierra, aire y mar, y comenzar su trabajo a principios de diciembre. Desde principios de 2025 ya existe en el Ministerio de Defensa israelí una Administración para la IA y la autonomía.
La dirección estratégica es, por tanto, clara: la inteligencia artificial y los sistemas autónomos ya no deben seguir siendo simples herramientas técnicas aisladas. Se están convirtiendo en un componente estructural de las fuerzas armadas modernas. Para Israel, esto resulta comprensible ante varios posibles escenarios bélicos, unos recursos humanos limitados y un alto nivel de competencia tecnológica. Pero cuanto más intervienen las máquinas en las decisiones militares, más importante se vuelve una pregunta que no puede responderse con una mayor capacidad de cálculo: ¿quién decide realmente al final sobre el uso de la fuerza?

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Aus dem SCHLAGSEITE X-ArchivLa verdadera revolución no es el dron
El científico militar estadounidense John Spencer es uno de los especialistas internacionalmente conocidos en guerra urbana. Sirvió durante más de dos décadas en las Fuerzas Armadas estadounidenses, estuvo destinado en Irak y lleva años estudiando las transformaciones de los campos de batalla modernos. En una entrevista en hebreo con Makor Rishon publicada el 9 de septiembre de 2026 establece una clara frontera entre la evolución técnica y una verdadera revolución militar. A continuación se reproducen sus principales afirmaciones de forma aproximada a partir del original hebreo. Los pasajes literales son traducciones propias.
"No fantasies about machines taking over: Using AI on the battlefield poses a real danger." ביטחוני
בלי דמיונות על השתלטות המכונות: שימוש ב-AI בשדה הקרב טומן סכנה אמיתית https://t.co/N51RBqAW50— John Spencer (@SpencerGuard) September 10, 2026
Spencer sostiene que los drones han cambiado considerablemente el campo de batalla, pero que en esencia representan una evolución del poder aéreo existente. Su enorme difusión y disponibilidad son significativas, pero el principio militar básico que subyace a ellos no es fundamentalmente nuevo. Con la inteligencia artificial opina de otro modo. Esta podría cambiar la forma en que las fuerzas armadas recopilan información, analizan el campo de batalla, reconocen patrones relevantes y coordinan entre sí un gran número de sistemas. En ello Spencer ve el potencial de una auténtica revolución militar.
El factor decisivo es la velocidad. Una persona necesita tiempo para comprobar la información, comprender las relaciones, detectar contradicciones y sopesar las consecuencias. Un sistema algorítmico puede procesar grandes cantidades de datos considerablemente más rápido. En un campo de batalla en el que el tiempo puede ser decisivo, esto supone una enorme ventaja.
Spencer describe, en esencia, el peligro central en la entrevista como velocidad sin comprensión. Un sistema puede ofrecer una respuesta con gran rapidez. Pero la velocidad no convierte automáticamente una respuesta en correcta.
ℹ️ Importante distinguir
La inteligencia artificial y los sistemas de armas autónomos no son lo mismo. La IA puede ayudar a una persona en el análisis y la toma de decisiones sin emplear la fuerza por sí misma. En sentido estricto, se habla de un sistema de armas autónomo cuando, tras su activación, un sistema puede seleccionar y atacar objetivos basándose en datos de sensores y criterios predefinidos, sin que una persona vuelva a intervenir en cada operación individual.
Una máquina reconoce patrones, pero no significado político
Esta advertencia procede expresamente también de Spencer. En su conversación con Makor Rishon sostiene que un sistema de IA puede analizar técnicamente una situación militar sin comprender su sentido político. En traducción propia, lo resume así: «Una máquina no entiende ni la guerra, ni al adversario, ni la moral ni las consecuencias políticas».
Con ello Spencer describe una diferencia que puede perderse fácilmente ante el entusiasmo por la capacidad técnica. Una acción militar puede tener éxito a nivel táctico y, al mismo tiempo, perjudicar estratégicamente. Puede ampliar un conflicto, tensionar alianzas, reforzar la determinación del adversario o socavar un objetivo político. Un comandante experimentado debe incluir tales consecuencias en su evaluación de la situación. Un algoritmo, en cambio, procesa datos conforme a su programación, su entrenamiento y la información de la que dispone.
Por eso Spencer formula el criterio en términos políticos y no técnicos: en última instancia, lo decisivo no es si la IA permite a las fuerzas armadas atacar más objetivos con mayor rapidez. La verdadera prueba es si contribuye a alcanzar los objetivos políticos de una guerra. La eficiencia militar y el éxito estratégico no son lo mismo.
Por tanto, el problema no es que una máquina desarrolle de repente una conciencia propia y decida acabar con los seres humanos. Esa idea pertenece más bien al cine. El peligro mucho más realista surge cuando las personas depositan en un sistema técnicamente impresionante, pero falible, más confianza de la que justifican sus capacidades reales.
Cuando el ordenador suena demasiado convincente
Un problema conocido de los sistemas automatizados es el llamado sesgo de automatización. Las personas tienden a dar un peso especial a una recomendación generada técnicamente, sobre todo cuando el sistema suele funcionar de manera fiable o cuando hay que tomar una decisión bajo una gran presión temporal. Spencer advierte expresamente de este efecto en la entrevista con Makor Rishon: los comandantes podrían aceptar las recomendaciones de una máquina porque parecen precisas o porque, sencillamente, no hay tiempo para cuestionarlas suficientemente.
El problema se agrava en los rápidos procesos de decisión militares. La presencia de una persona en algún punto de la cadena de decisión aún no garantiza un control sustantivo. Bajo una gran presión temporal, el supuesto correctivo humano puede convertirse fácilmente en alguien que se limita a confirmar una recomendación de la máquina. El Comité Internacional de la Cruz Roja advierte expresamente de que la velocidad y el alcance de los sistemas de decisión basados en IA pueden sustituir el juicio humano por un simple asentimiento.
En la vida civil cotidiana, una recomendación errónea de un programa puede resultar molesta. En un contexto militar, el mismo mecanismo puede tener consecuencias mucho más graves. Si un sistema interpreta mal una situación y varios procesos posteriores se basan en ello, un solo error puede multiplicarse.
A ello se suma la dependencia de los datos. Los sistemas de IA no perciben la realidad por sí mismos. Interpretan la información basándose en los modelos con los que fueron desarrollados y entrenados. Si el entorno cambia considerablemente o los sistemas se encuentran con situaciones apenas representadas en sus datos, la fiabilidad puede disminuir.
En un campo de batalla real, precisamente eso es más bien la norma que la excepción. La información es incompleta, los sistemas técnicos pueden fallar, los adversarios intentan engañar deliberadamente y las estructuras civiles y militares pueden estar estrechamente entrelazadas. La guerra no es un conjunto de datos perfectamente etiquetado.

La responsabilidad no puede delegarse en un algoritmo
Así, el debate técnico desemboca inevitablemente en el derecho y la responsabilidad. El derecho internacional humanitario no desaparece porque un sistema de armas se vuelva más complejo. Las normas sobre distinción, proporcionalidad, necesidad militar y medidas de precaución se aplican con independencia de la tecnología con la que se emplee la fuerza militar.
También la Directiva 3000.09 del Departamento de Defensa de Estados Unidos exige que los sistemas de armas autónomos y semiautónomos se desarrollen y empleen de manera que los comandantes y operadores puedan ejercer un grado adecuado de juicio humano al utilizar la fuerza.
Spencer describe el mismo principio de forma aún más concisa en la entrevista con Makor Rishon. En traducción propia, su frase dice: «Las personas pueden transferir tareas a las máquinas, pero no la responsabilidad».
Precisamente esta separación es decisiva. Un sistema autónomo no puede asumir responsabilidad moral ni jurídica. Por eso, tras una acción ilícita, la responsabilidad no puede ir pasando de forma creíble entre el operador, el programador, el fabricante y el algoritmo hasta que, al final, nadie quiera asumir la competencia.
⚠️ El punto crítico
Cuanto más compleja se vuelve una cadena de decisión militar, mayor es el peligro de que la responsabilidad se diluya. Por eso, la autonomía técnica no debe conducir a que, al final, nadie pueda explicar de forma verificable quién tomó, autorizó o permitió deliberadamente una decisión.
La regulación internacional va por detrás de la tecnología
Esta cuestión también ocupa ya a la política internacional. El secretario general de la ONU, António Guterres, y la presidenta del CICR, Mirjana Spoljaric, volvieron a advertir el 25 de agosto de 2026 sobre una evolución en la que las máquinas podrían seleccionar por sí mismas a personas como objetivos. En un llamamiento conjunto pidieron a los Estados que entablaran negociaciones sobre normas internacionales vinculantes para los sistemas de armas autónomos.
El momento no es casual. Del 16 al 20 de noviembre de 2026 se celebrará en Ginebra la Séptima Conferencia de Examen de los Estados Partes en la Convención de la ONU sobre Ciertas Armas Convencionales, CCW . Guterres y Spoljaric consideran expresamente que ofrece la oportunidad de iniciar negociaciones sobre un instrumento jurídicamente vinculante relativo a los sistemas de armas autónomos. Tras años de conversaciones técnicas, el debate debería convertirse algún día, efectivamente, en una norma. La diplomacia también tiene, al fin y al cabo, su propia idea de la velocidad.
El Comité Internacional de la Cruz Roja mantiene una posición de gran alcance al respecto. Deberían prohibirse los sistemas cuyos efectos no puedan preverse suficientemente. El CICR también quiere excluir en principio los sistemas autónomos que empleen deliberadamente la fuerza contra personas. Los demás sistemas autónomos deberían regularse mediante límites claros sobre el ámbito de empleo, los objetivos, la duración y la supervisión humana.
No existe en absoluto un consenso internacional completo al respecto. Estados Unidos y Rusia siguen rechazando nuevas normas vinculantes y remiten al derecho vigente, como informó Reuters el 25 de agosto También las potencias militares tecnológicamente líderes temen que unas prohibiciones demasiado amplias limiten sus propias capacidades, mientras que sus adversarios podrían ignorar esas mismas reglas. A ello se suma la proliferación. La guerra de Ucrania y las guerras en Oriente Medio, incluida la guerra contra Irán, han convertido los sistemas no tripulados, en gran número, en un componente fijo de la guerra moderna. Cuanto más baratas y accesibles sean estas tecnologías, menos podrá limitarse el debate a Estados con mecanismos de control transparentes.
Spencer advierte precisamente de esta evolución en la entrevista con Makor Rishon. Los drones, el software de IA y las tecnologías de detección y localización no permanecerían en manos de los Estados tecnológicamente líderes. También las organizaciones terroristas, los regímenes autoritarios y otros actores podrían adquirir capacidades que antes estaban reservadas a las fuerzas armadas profesionales.
Por eso, renunciar por completo a la autonomía tampoco sería una estrategia especialmente realista. Los sistemas automatizados pueden asumir tareas peligrosas, mantener a las personas fuera de zonas de peligro inmediato y reaccionar, en determinadas situaciones estrictamente definidas, más rápido de lo que un ser humano podría hacerlo. Por tanto, la cuestión decisiva no es tanto si existirá la autonomía, sino bajo qué reglas y con qué control humano efectivo se empleará.
Para Israel, la cuestión ya es concreta
Israel no está al principio de esta evolución. Las FDI ya utilizan tecnologías de datos y análisis para apoyar las labores de inteligencia y la planificación de objetivos. En una exposición del 18 de junio de 2024 explicó que las herramientas tecnológicas servían para reunir la información de inteligencia disponible y ayudar a los analistas a evaluarla. Según esta exposición publicada, las identificaciones de objetivos deben seguir siendo realizadas por analistas humanos y los ataques deben ser autorizados por comandantes operativos. Por tanto, las herramientas no deben seleccionar objetivos ni generar órdenes de ataque de forma autónoma.
Esta es una diferencia importante para el debate actual. Las herramientas de IA o de datos ya utilizadas para apoyar la toma de decisiones no son automáticamente armas autónomas. El nuevo ámbito anunciado por Zamir se refiere sobre todo a sistemas no tripulados, robótica e inteligencia artificial. El límite especialmente difícil desde el punto de vista del derecho internacional se alcanza cuando un sistema, tras su activación, selecciona objetivos y aplica la fuerza por sí mismo, sin una nueva decisión humana individual.
Ya al crear su administración de IA y autonomía, a principios de 2025, el Ministerio de Defensa declaró expresamente que Israel aspiraba a una posición de liderazgo internacional en este ámbito. El objetivo son unas fuerzas armadas en las que soldados y sistemas autónomos colaboren estrechamente.
Con el nuevo ámbito propio de las FDI para sistemas no tripulados e inteligencia artificial anunciado ahora, esto se está convirtiendo cada vez más en una estructura organizativa. Zamir habló de capacidades robóticas marítimas, terrestres y aéreas, así como de sistemas que pueden emplearse junto con fuerzas tripuladas o en misiones independientes. En su anuncio no ofreció más detalles sobre la configuración organizativa.
Igualmente importante es lo que Zamir no presentó. Su anuncio describe una organización, no una doctrina. Entre los documentos israelíes de acceso público examinados para este artículo no figura hasta ahora ningún reglamento integral comparable a la Directiva 3000.09 del DoD estadounidense sobre el grado necesario de evaluación humana en el empleo de sistemas autónomos. Esto no dice nada sobre las normas internas de las FDI. Sin embargo, los procedimientos descritos públicamente para la planificación de objetivos no equivalen a una doctrina de ese tipo para la próxima generación de sistemas autónomos.
La evolución tecnológica puede aportar a Israel ventajas considerables. Un país pequeño con una población limitada tiene un interés comprensible en que las tareas peligrosas no sean realizadas, en la medida de lo posible, por soldados y en utilizar las fuerzas disponibles de manera más eficiente. La superioridad tecnológica forma parte de la estrategia de seguridad de Israel desde hace décadas.
Precisamente por eso, el debate sobre los límites debe desarrollarse en paralelo a la evolución técnica. No porque Israel deba renunciar a los sistemas modernos, sino porque un ejército que quiere estar a la vanguardia tecnológica también debe estar a la vanguardia en control, trazabilidad y responsabilidad.

IA en la guerra: la máquina más peligrosa es aquella a la que se le confía demasiado
El futuro de la guerra probablemente no será ni completamente humano ni completamente autónomo. Lo más probable es un campo de batalla en el que seres humanos y máquinas colaboren constantemente: los sistemas recopilan información, evalúan datos, reconocen patrones y asumen determinadas tareas, mientras que los seres humanos determinan los objetivos, los límites y la responsabilidad política.
Por eso, el límite decisivo no discurre entre la guerra moderna y la tradicional. Discurre entre el apoyo técnico y la pérdida de un control humano significativo.
La IA puede calcular más rápido. Puede procesar simultáneamente más datos. Puede ahorrar a los soldados tareas peligrosas y quizá evitar, en algunas situaciones, errores que cometería una persona exhausta o sobrecargada. Pero no puede asumir la responsabilidad de por qué se libra una guerra, qué objetivo político debe alcanzarse o qué riesgo está dispuesta a asumir una sociedad.
El verdadero desafío de la IA militar no consiste en hacer que las máquinas sean lo más humanas posible. Consiste en permitir que los seres humanos sigan tomando decisiones responsables incluso cuando las máquinas ya sean más rápidas que ellos.
Por eso, la ofensiva tecnológica de Israel no es solo una carrera por conseguir mejores sistemas. También es una prueba de si la innovación militar y la responsabilidad humana pueden avanzar al mismo ritmo. Un ejército puede automatizar tareas. Pero no puede ceder a un algoritmo la responsabilidad de para qué se emplea la fuerza ni bajo qué límites está permitido hacerlo.
ℹ️ Base factual y fuentes primarias del artículo 📑
▶️ Fuerzas de Defensa de Israel:
El uso de tecnologías de datos por las FDI en el procesamiento de inteligencia
Exposición oficial del 18 de junio de 2024 sobre las herramientas de datos, la identificación humana de objetivos y el papel de los comandantes operativos en las decisiones de ataque.
▶️ Ministerio de Defensa de Israel:
El Ministerio de Defensa de Israel crea la Administración de IA y Autonomía
Comunicado oficial de enero de 2025 sobre la creación de la administración israelí para la inteligencia artificial y los sistemas autónomos.
▶️ Fuerzas de Defensa de Israel / Eyal Zamir:
Zamir afirma que las FDI abrirán antes de diciembre una nueva unidad de sistemas no tripulados e IA
Informe sobre el anuncio del 8 de septiembre de 2026 acerca del nuevo ámbito de las FDI para sistemas no tripulados, inteligencia artificial y robótica, así como sobre el inicio previsto de sus actividades a principios de diciembre.
▶️ Makor Rishon:
Entrevista con John Spencer sobre la IA y los sistemas autónomos en la guerra
Entrevista en hebreo del 9 de septiembre de 2026 sobre la IA militar, la velocidad, el sesgo de automatización, el impacto político, el control humano y la responsabilidad. Las citas textuales de Spencer incluidas en el artículo fueron traducidas de forma independiente del hebreo.
▶️ Oficina de las Naciones Unidas en Ginebra:
Nuevo llamamiento para adoptar normas sobre los sistemas de armas autónomos
Llamamiento conjunto del secretario general de la ONU, António Guterres, y de la presidenta del CICR, Mirjana Spoljaric, del 25 de agosto de 2026, de cara a la Séptima Conferencia de Examen de la CCW en noviembre de 2026.
▶️ Naciones Unidas, CCW:
Convención sobre Ciertas Armas Convencionales
Calendario oficial de la ONU con la Séptima Conferencia de Examen de los Estados Partes, del 16 al 20 de noviembre de 2026 en Ginebra.
▶️ Comité Internacional de la Cruz Roja:
Posición del CICR sobre los sistemas de armas autónomos
Posición del CICR sobre el control humano, los sistemas autónomos impredecibles y los límites jurídicos.
▶️ Comité Internacional de la Cruz Roja:
IA en el campo de batalla: supervisión y regulación
Análisis de los riesgos de los sistemas militares de toma de decisiones basados en IA, especialmente el sesgo de automatización y el peligro de un control humano meramente formal.
▶️ Departamento de Defensa de Estados Unidos:
Directiva 3000.09 – Autonomía en los sistemas de armas
Directiva estadounidense sobre la evaluación, el control, las pruebas y la responsabilidad humanas en los sistemas de armas autónomos y semiautónomos.
▶️ Reuters:
La ONU y la Cruz Roja piden normas urgentes sobre las armas autónomas
Informe del 25 de agosto de 2026 sobre la exigencia de normas vinculantes y la oposición de Estados Unidos y Rusia a nuevas disposiciones jurídicamente vinculantes.
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